Miércoles, 03 Junio 2015 21:39

Actuación Teatral

 Actuación teatral  

Mañana jueves, 4 de junio, Acción Escénica Inclusiva Avatares -grupo constituido por ex alumnos del Curso de Interpretación para personas con discapacidad- representará una pequeña obra escrita y dirigida por Eliana Sánchez titulada  “Gravedad Cero”, dentro del ciclo “Una Mirada Diferente” del Centro Dramático Nacional (CDN). 

La cita es en el Teatro Valle Inclán, en la Plaza de Lavaréis de Madrid y se trata de una nueva experiencia del CDN en la que 5 compañías actuarán durante unos 10-12 minutos cada una. Habrá 3 pases: a las 19:00, a las 20:00 y a las 21:00.

La entrada es libre, pero hay que retirar las entradas en taquilla desde las 17:00 h. Para cada pase solo podrá acceder un grupo de 30 personas, por lo que si estás interesado conviene que vayas con tiempo.

Un saludo muy cordial.

 

 LuisMárquez de la Plata 

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Participa en la V Edición de la Feria de disCapacidad y empleo de Barcelona

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Querid@s amig @s,

Nos alegra enormemente comunicaros que un año más el 1 y 2 Julio 2015, celebraremos la 5ª Edición de Feria de Discapacidad y Empleo de Barcelona. Este año, la Feria de Discapacidad y Empleo se celebrará en el Recinto del Palau de Congressos de Catalunya , ubicado en Avinguda Diagonal 661-671 de Barcelona.  

Como cada año nuestra Feria se convierte en un evento de referencia en el sector de la discapacidad tanto en Catalunya como a nivel nacional, contando con la asistencia de las empresas líderes del sector de la discapacidad, las principales empresas de nuestro país y una asistencia media de 20.000 candidatos por edición. Por todo ello esperamos compartir unos días inolvidables con vosotros el próximo 1 y 2 Julio en Barcelona.

Un beso enorme!,

Equipo Disjob

Pd. Cualquier pregunta que os surja estamos a vuestra disposición en: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

VUESTRA SATISFACCIÓN NUESTRO MAYOR ÉXITO

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Convocatoria de Ayudas Injuve para la Creación Joven 2015

 Logo creacion 2015  

Plazo de presentación:

Del 28 de abril al 18 de mayo 2015, incluido.

Fecha de publicación en BOE:

27 de abril de 2015

Cuantía de las ayudas:

Hasta 10.000,00 €  por ayuda.

Ver bases de la Convocatoria en el BOE

Beneficiarios:

Personas físicas, personas jurídicas y agrupaciones de personas físicas y jurídicas, de nacionalidad española o con residencia legal en España, que tengan entre 18 y 30 ó 35 años de edad, según sea el objeto de la ayuda.

 Link a la web ministerial de ayudas

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Miércoles, 29 Abril 2015 22:16

AUXILIA,una puerta abierta a la enseñanza

logoAUXILIA

 AUXILIA, UNA PUERTA ABIERTA A LA ENSEÑANZA PARA LAS PERSONAS CON DISCAPACIDADES FÍSICAS

 

 AUXILIA es una Asociación de VOLUNTARIOS que desde 1952 viene luchando para conseguir la máxima integración social y cultural posible de las PERSONAS CON DISCAPACIDADES FÍSICAS y de los ENFERMOS DE LARGA CURACIÓN

Es una entidad sin fines lucrativos, reconocida por el Ministerio del Interior desde 1971, de ámbito estatal y declarada de Utilidad Pública desde 1972.

Entre algunas de sus varias actividades, AUXILIA ofrece ENSEÑANZA A DISTANCIA GRATUITA en todo el ámbito nacional y para el colectivo antes enunciadoque, por diversas causas (movilidad, barreras arquitectónicas, ubicación rural o aislada, ausencia de materias acordes con su propósito formativo, etc., no puede realizar sus estudios en Centros normalizados e incluso a aquellas personas que, estando escolarizadas, precisan y desean algún refuerzo escolar en sus estudios.

 Susan

 

1.- METODOLOGÍA 

La Enseñanza se lleva a cabo mediante Voluntarios – Profesores que ofrecen su apoyo, enseñanza y formación de manera totalmente altruista.

AUXILIA no está autorizada legalmente para expedir títulos oficiales, solamente ofrece su ayuda a toda persona discapacitada que estudie y desee ampliar su formación.

Los materiales específicos para el estudio son propiedad de Auxilia la cual los facilita de forma gratuita debiendo devolverse una vez finalizados los estudios para los que han sido cedidos. La relación alumno - profesor se lleva a cabo, bien por correo postal, o bien por correo electrónico para los que disponen de Internet. 

 

2.- ÁREAS DE ENSEÑANZA QUE SE OFRECEN 

2.1.- Enseñanza Normalizada : Enseñanza básica, ESO, Bachillerato, acceso a la Universidad y a las Escuelas Oficiales de Idiomas. 

2.2.- Enseñanza NO normalizada: idiomas (francés, inglés, alemán, italiano, castellano, catalán, gallego, valenciano), contabilidad, dibujo artístico y lineal, cocina, corte y confección, enfermería, etc. 

2.3.- Enseñanza específica. Entendemos que hay personas que sólo demuestran tener un especial interés por APRENDER ciertos temas concretos: astronomía, flora y jardinería, relajación, arte, geografía, historia, naturaleza, fauna, etc.…

 

3.- CÓMO SE COORDINA LA ENSEÑANZA A DISTANCIA DESDE AUXILIA

La Enseñanza a Distancia está regulada por un equipo de Voluntarios (Responsables) que cuida de coordinar todos los materiales de estudio y las comunicaciones de trabajo y relación entre los alumnos y sus respectivos profesores y del seguimiento de cada caso. Esta tarea se realiza a través de la COORDINACIÓN GENERAL DE ENSEÑANZA A DISTANCIA DE AUXILIA ubicada en Barcelona 


 Los personas interesadas pueden ponerse en contacto con AUXILIA y solicitar el tríptico informativo y de inscripción. En nuestra página Web, www.auxilia.es podéis encontrar amplia información de nuestra asociación. 

AUXILIA - ENSEÑANZA A DISTANCIA

ANGLÍ, 50 – 2º 

08017 – BARCELONA

Tel: 932 047 502

email: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

www.auxilia.es

logoAUXILIA 60

 conectadas

 

 

 

 

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Un año más la Asociación Roosevelt de personas discapacitadas físicas de Cuenca ha convocado su XV edición de su Beca de Investigación cuyo tema obligatorio este año versa sobre “Mujer y Discapacidad” y la XXVI edición de su Concurso de Trabajos sobre las Personas con Discapacidad Física siendo la temática de esta edición Familia y Personas con Discapacidad: Preocupaciones, necesidades y demandas “El papel de la familia en la integración de las personas con discapacidad física”

Al ser temas relacionados con la discapacidad, los derechos humanos y la inclusión creemos que son de su interés y que al menos alguno de ellos sino todos le atañen directamente, por medio de la presente  les adjuntamos las bases de la beca y el concurso de trabajos junto con una carta explicativa. Con ello, les rogamos los distribuyan de la mejor manera posible y le den la máxima difusión en su ámbito de actuación para que todos tengan la oportunidad de participar si lo desean.

            Así mismo si quisieran ampliar cualquier tipo de información o aclaración de cualquier duda, se pueden poner en contacto con nosotros bien telefónicamente al 969 23 06 32 de lunes a viernes de 9:30h.a 13:30h. ó escribiendo un correo electrónico a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

            Agradeciéndoles de antemano su colaboración y esperando que sea de su interés la información dada, reciban un cordial saludo.

          José María Martínez López.

         Presidente Asociación Roosevelt.

 

BASES BECA Y TRABAJO 2015

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Viernes, 17 Abril 2015 11:21

El sueño de una noche de verano

El sueño de una noche de verano

Tras el éxito cosechado el pasado 11 de Abril en el teatro de Sta. Cruz del Valle (Ávila), la compañía La Tramoya continua su andadura por diferentes escenarios de nuestra Comunidad presentando al público su adaptación de EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO. 

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Fechas y lugares de las próximas representaciones:

Domingo 19 de Abril a las 19:00 en la sala Margarita Xirgu
de Alcalá de Henares. Vía Complutense, 19. 
Información y reserva:
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Precio: desde 5 euros
Tf. 91 2800655 / 53

Domingo 10 de Mayo a las 20:00 en la Sala ArtEspacio Plot Point.
Calle Ercilla, 29.
Información y reserva: 91 474 97 65
Precio: 8 euros

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Confiamos en el poder de convocatoria de nuestra compañía para demostrar una vez más al público que las Artes Escénicas son un medio real para la  integración social y laboral de las personas con disCAPACIDAD.

 

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Este sábado día 18 de Abril se ha organizado un Taller de Títeres en la Fundación Española de la Tartamudez en colaboración con la asociación Solidarios para el Desarrollo, la Facultad de Trabajo Social y la Facultad de Educación de la Universidad Complutense.

El Taller será supervisado por Moreno Pingoni titiritero profesional, participaran los mismos estudiantes de la III Edición del Taller de Títeres para la intervención socioeducativa que se ha realizado en la Universidad Complutense.

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La construcción social de la identidad de las personas con discapacidad

Artículo ​perteneciente al proyecto de investigación DISCATIF: Un nuevo modelo teórico de la discapacidad: aplicación a la optimización de las tiflotecnologías SEJ 2007 - 61143). Desarrollado por la Universidad de Murcia.

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Introducción

    En este ensayo se plantea que no es posible hablar de identidades colectivas a partir de una categoría de análisis como lo es la discapacidad, ya que la inclusión por parte de agentes externos no toma en cuenta la multi diversidad de características de los individuos que se quiere incluir en ella. Se analizan las teorías de la identidad social y la identidad colectiva expuestas por Gilberto Giménez; así como los argumentos de Miguel Ángel V. Ferreira1referente a la identidad de las personas con discapacidad como un constructo social.

La construcción social de la identidad de las personas con discapacidad

Identidad

    Probablemente hoy en día escuchamos el término discapacitado (con el cual no se está de acuerdo ya que se considera terminología negativa) sin ponernos a reflexionar lo que realmente significa; según la Real Academia Española (RAE) éste término se define como “Dicho de una persona: Que tiene impedida o entorpecida alguna de las actividades cotidianas consideradas normales, por alteración de sus funciones intelectuales o físicas” (Real Academia Española, 2013). Aunque este puede ser el significado coloquial más aceptado que existe (debido a la naturaleza de la fuente del cual proviene) simple y sencillamente no satisface el propósito que quiere alcanzar este ensayo. El objetivo principal del mismo es si este concepto puede contener la identidad de los colectivos de personas que por algún motivo son identificadas con esta etiqueta social.

    Para la RAE (2013) el término identidad es un: Conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás; así como también es la conciencia que una persona tiene de ser ella misma y distinta a las demás.

    Según Gilberto Giménez (2007) la identidad se define como:

    Un proceso subjetivo […] por el que los sujetos definen su diferencia de otros sujetos (y de su entorno social) mediante la auto asignación de un repertorio de atributos culturales frecuentemente valorizados y relativamente estables en el tiempo.

    Donde, según el mismo autor ésta auto identificación debe ser legitimada por sus pares sociales para que pueda existir social y públicamente.

    Para Erick Erickson la identidad es “Un sentimiento de mismidad y continuidad que experimenta un individuo en cuanto tal” (Mercado Maldonado y Hernández Oliva: 2012, 231). Basándonos en estas dos definiciones anteriores y retomando la idea de Mercado Maldonado y Hernández Oliva se puede llegar al planteamiento de que la identidad tiene que ver con una pregunta tan subjetiva como ¿Quién soy yo?

    George Simmel por su parte argumenta que la identidad de un individuo se define a causa del conjunto de sus pertenencias sociales, entendiendo este último concepto como los grupos sociales a los cuales pertenece y con los cuales socializa e interactúa; Giménez afirma que la identidad contiene elementos de lo socialmente compartido resultante de la pertenencia a grupos y otros colectivos; y que dentro de los atributos distintivos de ésta, implica la identificación del individuo con diferentes categorías, grupos y colectivos sociales. Y concluye que “Woodward recurre fundamentalmente a las teorías de socialización inspiradas en el interaccionismo simbólico para explicar el proceso de adquisición, de formación y de desarrollo de las identidades individuales” (Giménez: 2007, 73).

    Según Mercado Maldonado y Hernández Oliva “la identidad social se genera a través de un proceso social en el cual el individuo se define a sí mismo, a través de su inclusión en una categoría” (Mercado Maldonado y Hernández Oliva: 2010, 234).

    Para Berger La socialización primaria comporta algo más que un aprendizaje puramente cognoscitivo. Se efectúa en condiciones de enorme carga emocional. Existen, ciertamente, buenos motivos para creer que sin esa adhesión emocional a otros significantes, el proceso de aprendizaje sería difícil, cuando no imposible. El niño se identifica con los otros significantes en una variedad de formas emocionales; pero sean éstas cuales fueren, la internalización se produce sólo cuando se produce la identificación. El niño acepta los roles y actitudes de los otros significantes, o sea, los internaliza y se apropia de ellos. Y por esta identificación con los otros significantes, el niño se vuelve capaz de identificarse él mismo, de adquirir una identidad subjetivamente coherente y plausible (Berger en Mercado Maldonado y Hernández Oliva: 2010, 236).

    Respecto a la socialización secundaria afirma que:

    La socialización secundaria es un proceso posterior, que induce al individuo socializado a nuevos sectores del mundo objetivo de su sociedad, es la internalización de submundos institucionalizados. Esta socialización lleva a cabo la adquisición del conocimiento específico de “roles”, los que están directa o indirectamente arraigados a la división del trabajo (Ibid).

    Ante tales afirmaciones se puede, sin mucho esfuerzo, notar como la identidad tiene relación total con el proceso de socialización primaria y secundaria expuesta por Berger y Luckman en donde afirman que la socialización es llevada a cabo por los mundos y submundos sociales a los cuales el individuo pertenece. Como ya se esbozó anteriormente, la identidad involucra dentro de su proceso elementos como socialización, pertenencia, grupos y colectividades, es entonces que se puede sintetizar que la identidad más allá de ser un proceso individual, es un constructo social el cual es legitimado por los grupos sociales a los cuales se pertenece.

    Hasta aquí podemos decir que la identidad social se genera a través de un proceso social en el cual el individuo se define a sí mismo, a través de su inclusión en una categoría lo que implica al mismo tiempo su exclusión de otras y dependiendo de la forma en que se incluya al grupo, la identidad es adscriptiva o por conciencia. Además, como el individuo no está solo, su pertenencia al grupo va más allá de lo que piensa acerca de sí mismo, requiere del reconocimiento de los otros individuos con los que se relaciona; por ello se dice que la identidad “emerge y se reafirma en la medida en que se confronta con otras identidades, en el proceso de interacción social. (Giménez en Mercado Maldonado y Hernández Oliva: 2010, 234)

    Hasta ahorita se ha abordado solo la identidad individual construida principalmente por los procesos de socialización, pertenencias sociales y legitimación por parte de sus grupos o colectividades; pero, ¿Que hay acerca de la identidad colectiva?

    Para Catalina Arteaga la identidad colectiva es “la autopercepción de un nosotros relativamente homogéneo en contraposición con los ‘otros’, con base en atributos o rasgos distintivos, subjetivamente seleccionados y valorizados, que a la vez funcionan como símbolos que delimitan el espacio de la ‘mismidad identitaria’” (Arteaga en Mercado Maldonado y Hernández Olivas: 2010, 240).

    Para Andrés Piqueras la identidad colectiva es:

    La definición que los actores sociales hacen de sí mismos en cuanto que grupo, etnia, nación, en términos de un conjunto de rasgos que supuestamente comparten todos sus miembros y que se presentan por tanto, objetivados, debido a que uno de los procesos de formación y perpetuación de la identidad colectiva radica precisamente en que se expresa en contraposición a otro u otros, con respecto a los cuales se marcan las diferencias (Piqueras en Mercado Maldonado y Hernández Olivas: 2010, 240).

    Según Mercado Maldonado y Hernández Olivas “La construcción de la identidad colectiva está relacionada con el proceso de socialización primaria y, especialmente, con la secundaria, que se desarrolla en función del contexto social.” (2010, 236)

    Siguiendo a Giménez, plantea que solo se puede hablar de identidades colectivas por analogía con las identidades individuales, esto es, que existen semejanzas y diferencias entre sí, en sus palabras, muy diferentes en verdad ya que carecen de autoconciencia, carácter, voluntad o psicología propia, por lo que se debe evitar su “personalización” abusiva, esto significa pues, evitar “La tendencia a atribuirles rasgos que solo corresponden al sujeto individual” (Giménez: 2007, 67). Ya que “Las identidades colectivas no constituyen un dato, un componente natural del mundo social, sino un ‘acontecimiento’ contingente y a veces precario producido, a través de un complejo proceso social” (Ibid).

    Señala Giménez que respecto a sus similitudes, al igual que las identidades individuales las colectivas tienen también la capacidad de identificarse de los demás grupos, es decir delimitarse “a través de los sujetos que las representan o administran” (Bourdieu citado por Giménez: 2007, 68).

    Giménez analiza la identidad colectiva como una categoría analítica y la define a través de la teoría de la acción colectiva como un

    Conjunto de prácticas sociales que: a) involucran simultáneamente a ciertos números de individuos o –en un nivel más complejo – de grupos; b ) exhiben características morfológicas similares en la contigüidad temporal y espacial; c)implican un campo de relaciones sociales d) la capacidad de la gente involucrada para conferir un sentido a lo que está haciendo o va a hacer. (Giménez: 2007, 68).

    Lo anterior se puede traducir como que las identidades colectivas se dan en grupos sociales, que el grupo social debe ser relativamente estable, es decir, saber que mañana probablemente vaya a seguir existiendo, que exista una interacción entre ellos para que se puedan producir significados compartidos y que los actores sean capaces de entender el porqué hacen determinadas acciones

    Manuel Castells, Gilberto Giménez y Andrés Piqueras coinciden que “La identidad colectiva es, ante todo, una construcción subjetiva, resultado de las interacciones cotidianas, a través de las cuales los sujetos delimitan lo propio frente a lo ajeno”. (Mercado Maldonado y Hernández Oliva: 2010, 231). Es aquí donde Giménez infiere que si bien es cierto que las acciones colectivas suponen actores colectivos, estos no puede observarse como esencias ontológicas sino como el resultado de procesos en los que devienen las identidades colectivas.

    Hasta aquí se ha observado que las identidades colectivas son procesos análogos de las identidades individuales; que son también, procesos los cuales supone el compartimiento de simbolismos o ideologías por grupos o sectores de la población. Pero, si hablar de identidades colectivas genera debates en donde los grandes teóricos parecen no llegar a un acuerdo, se vislumbra que hablar de ‘identidades colectivas de personas en condición de discapacidad’ será mucho más confuso; sin embargo se tratará de desarrollar el tema lo más claro posible.

    Si se analizan las inferencias de Giménez en el apartado donde define las características de estas identidades colectivas y se trata de enlazar a la discapacidad, se puede observar que: la discapacidad no es un grupo social, es una categoría. Estos es, que los individuos aún que tengan características comunes, no se avizora una socialización permanente entre ellos; incluso podríamos plantear hipotéticamente que a un nivel macro social no existe interacción social entre ellos y que en caso de llegar a reunirse de manera fortuita, pudiera que los actores no tengan claro por qué lo hacen.

    Como se mencionó anteriormente uno de los elementos principales de la construcción de las identidades colectivas es la interacción social y el compartimiento de significados comunes; en el caso de los colectivos de personas en situación de discapacidad (PSD) se estima el único significado que comparten en común ( a nivel macro social) es vivir en esta condición junto con todos los estigmas sociales, opresiones, discriminaciones y demás etiquetas sociales negativas que esto significa, entonces, ¿Cómo es posible sentir una identidad hacia un colectivo que ofrece tan malos dividendos? La hipótesis a esta pregunta es qué; ellos no se identifican con este colectivo, sino qué es la sociedad quien los adscribe y les construye esa identidad.

    Tal y como lo afirma Miguel Ángel V. Ferreira

    Su existencia cotidiana está dominada por una singularidad: sus prácticas e interacciones quedan sujetas y condicionadas a ésa su discapacidad; ii) que dicha singularidad los homogeiniza, haciendo abstracción de toda la diversidad inscrita en las particulares condiciones de su existencia, induciendo una concepción de sí anclada en la oposición a los no discapacitados; se induce una identidad social «en negativo»; y iii) que dicha singularidad y dicha homogeinización identitaria, automáticamente, suponen una clasificación del colectivo en la ordenación jerárquica de la sociedad (Ferreira: 2007, 1)

    “Hay dos niveles de identidad, el que tiene que ver con la mera adscripción o membresía de grupo y el que supone conocer y compartir los contenidos socialmente aceptados por el grupo; es decir, estar conscientes de los rasgos que los hacen comunes y forman el “nosotros” “ (Mercado Maldonado y Hernández Oliva: 2010, 234).

    En esta afirmación por parte de los autores se puede identificar que la identidad colectiva de las PSD queda en el nivel de la adscripción ya que en un nivel macro social: 

1) La discapacidad no es un grupo social, es una categoría de análisis; 

2) No existe una ideología común; 

3) No se comparte ningún contenido por que no existe un grupo que acepte socialmente esos contenidos y; 

4) No existe un ‘nosotros’.

    Por su parte Chihu (2002) enuncia que la identidad es producto de un binomio pertenencia-comparación que implica dos distinciones; características comunes y diferencias.

    La primera distinción es realizada por los propios actores que forman el grupo y que se vuelven conscientes de la característica en común que poseen y los define como miembros de ese grupo; y la segunda distinción es la identidad de un grupo social desde fuera; es decir, la identidad de ese grupo es sostenida únicamente por quien la enuncia y consiste en la identificación de una característica en común que comparten los actores que forman ese grupo (Ibid: 233).

    Aquí, a las PSD se les adscribe al colectivo a razón de la segunda distinción, es decir, por que existe un grupo externo (Sociedad) que los identifica por una sola característica en común, su discapacidad; sin tomar en cuenta todas las demás características que los hacen diferentes entre ellos mismos, es decir, a ellos se les imputa una identidad colectiva creada por ‘otros’ cuando no existe un ‘nosotros’.

    Morales (1999) establece que “No es suficiente etiquetar a una persona con un rótulo. Tan es así que muchas personas que pertenecen a grupos étnicos minoritarios en la sociedad estadounidense no muestran ningún grado apreciable de identificación étnica” (Ibid: 234). Si tomamos en cuenta que las etnias son grupos o colectivos minoritarios al igual que los grupos o colectivos en situación de discapacidad y tomando en cuenta que aquí se está tratando de demostrar que no se le puede imputar una identidad a una(s) persona(s) por un rasgo común [y no que sean grupos o colectivos similares y se les pueda comparar], no se encuentra ninguna objeción para poder aplicar esta afirmación a los colectivos en situación de discapacidad.

    Siguiendo a Morales, hace una afirmación con la cual podemos complementar el párrafo anterior, y ésta es que:

    Sin embargo, el hecho de que los individuos experimenten que son diferentes a los otros no implica necesariamente que se identifican plenamente con el grupo al que pertenecen; pues, como plantean los psicólogos sociales Perrault y Bourhis, es preciso hacer la distinción entre grado y calidad de la identificación. El grado se refiere a la fuerza con que se experimenta la diferencia con otros grupos; en cambio, la calidad de la identificación equivale a la atracción que siente el individuo hacia el propio grupo (Mercado Maldonado y Hernández Olivas: 2010, 233).

    Aquí se plantea que el ser diferentes a otros individuos no da por automático que ellos se identifiquen con personas que tengan alguna característica suya, por lo tanto que la identificación con el grupo (en caso de existir) se dé por añadidura ya que el grado y calidad de pertenencia son factores (Entre otros) los cuales determinan la internalización de esa identidad. Al respecto Giménez expone que en las sociedades tradicionales caracterizadas por la homogeneidad, existe la posibilidad de que los sujetos internalicen una estructura de significados compartidos colectivamente dando un sentido a las interacciones que se presentan en la vida diaria, afirma también que en las sociedades modernos esto cambia debido a la multiplicidad de roles que desempeñan los individuos en sus numerosos grupos de pertenencia, y que es precisamente esa pluralidad de pertenencias sociales el elemento que complica la construcción de una identidad colectiva, no solo por la complejidad de las relaciones sociales entre él y los sujetos con los que interactúa, sino que los sujetos tienen frente a si una diversidad de repertorios culturales en los cuales algunos coinciden y otros se contradicen; y que los agentes por los cuales se transmiten esos repertorios culturales son múltiples, dando como resultado una complicación del proceso de internalización.

    Un elemento importante en la construcción de la identidad colectiva es el sentido de pertenencia, según Mercado Maldonado y Hernández Olivas ésta “Consiste en la inclusión de los individuos en un grupo” (Mercado Maldonado y Hernández Olivas: 2010, 234) la cual puede ser “mediante la sunción de algún rol dentro de la colectividad o mediante la apropiación e interiorización, al menos parcial del complejo simbólico-cultural que funge como emblema de la colectividad en cuestión” (Giménez en Mercado Maldonado y Hernández Olivas: 2010, 233). Y es que según estos autores cuando los individuos dentro de un conjunto se ven como similares y generan simbolismos y significados compartidos se está frente a la dimensión colectiva de la identidad.

    Pero Miguel Ángel V. Ferreira argumenta que “En un mundo en el que la discapacidad se considere como la multiforme manifestación de infinidad de afecciones particulares, la identidad social del discapacitado no puede construirse” (V. Ferreira: 2007, 7). Precisamente esta es la tesis que se apoya y que se ha querido demostrar en este ensayo ya que según el mismo autor el hablar de Colectivos de PSD es hablar de un grupo fragmentario “Cuya fragmentación es el resultado de la disección clínica que las múltiples afecciones fisiológicas y psíquicas que pueden ser la base del fenómeno social de la discapacidad opera sobre ese colectivo” (V. Ferreira: 2007, 8).

    Según este mismo autor; como colectivo, no existe la posibilidad de identificar patrones comunes de referencia, es decir, no por el hecho de padecer la misma afección motriz significa que se identifiquen con otras personas en su misma situación, ya que no es posible según V. Ferreira construir una experiencia práctica colectiva, puesto que no existe “Una sólida interacción social basada en las señas de identidad singulares que identifican al discapacitado como tal” (V. Ferreira: 2007, 5). Y es que, según Brisenden (1986) “La palabra ‘discapacitado’ es utilizada como un término general que abarca un amplio número de personas que no tienen nada en común entre sí, excepto que no funcionan exactamente del mismo modo que aquellas personas denominadas normales” (V. Ferreira: 2007, 7).

    Para V. Ferreira “Que la identidad social se construya por referencia a otro que marca la diferencia es algo extensible a casi cualquier colectividad humana: el yo colectivo se erige, a partir de esa diferencia, como referente de la propia homogeneidad inclusiva, porque posee rasgos distintivos propios que puede reclamar en apoyo de esa identidad” (V. Ferreira: 2007, 6). Pero las PSD viven y constatan prácticamente la situación de saberse personas que carecen de algo que los demás poseen, entonces para el autor su identidad social es construida sobre la base de esa carencia; la PSD se da cuenta de esa diferencia, no la construye, esa diferencia es definida por el otro, y la identidad que surge de esa diferencia no es una identidad que se constituye como un hecho propio, sino que surge de la ausencia de rasgos identitarios que contienen los demás. Existen pues, otras categorías de análisis en donde también la referencia identitaria es la diferencia respecto al otro y se constituye identitariamente por sí misma (constitución étnica, política, histórica, Lingüística), es decir, la identidad colectiva se constituye de manera autónoma, en el caso de la discapacidad no sucede eso, ya que no se construye, prácticamente sobre la ‘diferencia’ sino sobre la ‘ausencia' que se encasilla como ‘diferencia’.

    Según Colin Barnes la identidad de la PSD opera heterónomamente, y expresa “aquellos de nosotros que hemos nacido con una minusvalía sólo nos damos cuenta habitualmente de que somos ‘diferentes’ cuando entramos en contacto con otras personas ‘no-discapacitadas’ (Ibid). Entonces lo que el autor trata de evidenciar es que el término y nosotros agregamos por añadidura la identidad colectiva de la PSD es un “Complejo de restricciones sociales impuestas a las personas con insuficiencias por una sociedad muy discriminadora” (Ibid). Y se podría agregar para complementar esta afirmación, que “En cualquier caso, es la sociedad la que define esa identidad, la que, cultural y simbólicamente (además que de forma práctica) «discapacita» a los discapacitados” y cerramos el cuerpo de este ensayo con una afirmación que consideramos resume la idea central de este ensayo “Por lo tanto, reiteramos, la identidad social del discapacitado es construida e impuesta desde el entorno no discapacitado, implica heteronomía y, como consecuencia práctica, exclusión y opresión” (V. Ferreira: 2007, 10).

Conclusiones

    Se cree que hablar de una identidad colectiva en segmentos minoritarios de la población como lo son los colectivos en situación de discapacidad (U otros) no es posible; ya que como se planteó anteriormente su único rasgo común es una disfuncionalidad motriz, esto nos conduce a suponer que los estudios que desarrollan y abordan esta temática (Identidad Colectiva en general) son planteados en un plano macro social en el cual sí pudiesen existir los elementos que conlleven a generar grupos sociales interactivos y relativamente estables en los que exista un sentido de acción por parte de ellos; debido a la hegemonía de este tipo de estudios los cientistas sociales han dejado de lado características propias del individuo que no pueden ser empatadas con otras personas en la misma condición ya que; son precisamente esas características no tomadas en cuenta las que hacen un universo infinitamente diferente entre ellos. Satirizando un poco el planteamiento de la imposibilidad de hablar de las identidades colectivas a raíz de una característica morfofuncional es que se hace esta pregunta al aire ¿Cuál es la identidad colectiva de las personas que tienen el pelo color negro? De antemano sabemos la respuesta.

    Sin embargo, se está consciente que en un contexto micro social cabe la posibilidad (Y de manera muy factible) que sí estén presentes los elementos caracterológicos para que se pueda construir una identidad colectiva de una manera autónoma y como resultado de la compartición de significados, ideologías; fines comunes por los cuales las PSD interactúen en un mismo espacio. Por lo tanto, creemos que es necesario profundizar en el estudio de la identidad colectiva en el contexto micro social en caso de que se pretenda aplicar las teorías de identidades colectivas a categorías de análisis como la discapacidad, pobreza, raza, etc. A partir de esto es que cerramos este ensayo con una hipótesis que surgió a lo largo del desarrollo del mismo y que dice; La identidad colectiva de las personas en situación de discapacidad es construida e impuesta externamente de una forma errónea a partir de una deficiencia morfofuncional, sin embargo; puede presentarse en un contexto micro social, ya que es la única forma en que pueden surgir los elementos necesarios para que esta sea erigida desde el interior del grupo.

Nota

  • Miguel Ángel V. Ferreira es considerado como una autoridad académica en la línea de estudio de la sociología de la discapacidad, quizá sea el autor más prolífero de lengua hispana acerca de este tema en la actualidad; es por estas consideraciones que de aquí en delante todas las citas a las que hace referencia este ensayo pertenecen a él; específicamente a uno de sus artículo publicado en 2007 en “Intersticios: Revista Sociológica de Pensamiento Crítico” ISSN 1887 – 3898 donde aborda el tema de “Discapacidad e identidad social”

Referencias

  • Giménez, Gilberto (2007) Estudios sobre la cultura y las identidades sociales. CONACULTA - ITESO Ed. Guadalajara, México.

  • Mercado Maldonado, Asael y Hernández Olivas, Alejandrina V. (2010) El proceso de construcción de la identidad colectiva. En Convergencia, Revista de Ciencias Sociales, núm. 53 mayo - agosto, pp. 229-251.

  • Real Academia Española. (2013) Diccionario de la Lengua Española - Vigésima segunda edición. Versión electrónica consultada el 14/05/13. Disponible en:  http://lema.rae.es/drae/?val=discapacitado

  • V. Ferreira, Miguel (2007) Prácticas sociales, identidad y estratificación: tres vértices de un hecho social, la discapacidad. En Intersticios: Revista Sociológica de Pensamiento Crítico. Vol. 1 (2). pp. 1-14.

Juan Manuel Núñez González

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(México)

Publicado en Investigación

La construcción social de la identidad de las personas con discapacidad

 

Artículo ​perteneciente al proyecto de investigación DISCATIF: Un nuevo modelo teórico de la discapacidad: aplicación a la optimización de las tiflotecnologías SEJ 2007 - 61143). Desarrollado por la Universidad de Murcia.

 

Introducción

     En este ensayo se plantea que no es posible hablar de identidades colectivas a partir de una categoría de análisis como lo es la discapacidad, ya que la inclusión por parte de agentes externos no toma en cuenta la multi diversidad de características de los individuos que se quiere incluir en ella. Se analizan las teorías de la identidad social y la identidad colectiva expuestas por Gilberto Giménez; así como los argumentos de Miguel Ángel V. Ferreira1 referente a la identidad de las personas con discapacidad como un constructo social.

 

La construcción social de la identidad de las personas con discapacidad

 

Identidad

    Probablemente hoy en día escuchamos el término discapacitado (con el cual no se está de acuerdo ya que se considera terminología negativa) sin ponernos a reflexionar lo que realmente significa; según la Real Academia Española (RAE) éste término se define como “Dicho de una persona: Que tiene impedida o entorpecida alguna de las actividades cotidianas consideradas normales, por alteración de sus funciones intelectuales o físicas” (Real Academia Española, 2013). Aunque este puede ser el significado coloquial más aceptado que existe (debido a la naturaleza de la fuente del cual proviene) simple y sencillamente no satisface el propósito que quiere alcanzar este ensayo. El objetivo principal del mismo es si este concepto puede contener la identidad de los colectivos de personas que por algún motivo son identificadas con esta etiqueta social.

    Para la RAE (2013) el término identidad es un: Conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás; así como también es la conciencia que una persona tiene de ser ella misma y distinta a las demás.

    Según Gilberto Giménez (2007) la identidad se define como:

    Un proceso subjetivo […] por el que los sujetos definen su diferencia de otros sujetos (y de su entorno social) mediante la auto asignación de un repertorio de atributos culturales frecuentemente valorizados y relativamente estables en el tiempo.

    Donde, según el mismo autor ésta auto identificación debe ser legitimada por sus pares sociales para que pueda existir social y públicamente.

    Para Erick Erickson la identidad es “Un sentimiento de mismidad y continuidad que experimenta un individuo en cuanto tal” (Mercado Maldonado y Hernández Oliva: 2012, 231). Basándonos en estas dos definiciones anteriores y retomando la idea de Mercado Maldonado y Hernández Oliva se puede llegar al planteamiento de que la identidad tiene que ver con una pregunta tan subjetiva como ¿Quién soy yo?

    George Simmel por su parte argumenta que la identidad de un individuo se define a causa del conjunto de sus pertenencias sociales, entendiendo este último concepto como los grupos sociales a los cuales pertenece y con los cuales socializa e interactúa; Giménez afirma que la identidad contiene elementos de lo socialmente compartido resultante de la pertenencia a grupos y otros colectivos; y que dentro de los atributos distintivos de ésta, implica la identificación del individuo con diferentes categorías, grupos y colectivos sociales. Y concluye que “Woodward recurre fundamentalmente a las teorías de socialización inspiradas en el interaccionismo simbólico para explicar el proceso de adquisición, de formación y de desarrollo de las identidades individuales” (Giménez: 2007, 73).

    Según Mercado Maldonado y Hernández Oliva “la identidad social se genera a través de un proceso social en el cual el individuo se define a sí mismo, a través de su inclusión en una categoría” (Mercado Maldonado y Hernández Oliva: 2010, 234).

    Para Berger La socialización primaria comporta algo más que un aprendizaje puramente cognoscitivo. Se efectúa en condiciones de enorme carga emocional. Existen, ciertamente, buenos motivos para creer que sin esa adhesión emocional a otros significantes, el proceso de aprendizaje sería difícil, cuando no imposible. El niño se identifica con los otros significantes en una variedad de formas emocionales; pero sean éstas cuales fueren, la internalización se produce sólo cuando se produce la identificación. El niño acepta los roles y actitudes de los otros significantes, o sea, los internaliza y se apropia de ellos. Y por esta identificación con los otros significantes, el niño se vuelve capaz de identificarse él mismo, de adquirir una identidad subjetivamente coherente y plausible (Berger en Mercado Maldonado y Hernández Oliva: 2010, 236).

    Respecto a la socialización secundaria afirma que:

    La socialización secundaria es un proceso posterior, que induce al individuo socializado a nuevos sectores del mundo objetivo de su sociedad, es la internalización de submundos institucionalizados. Esta socialización lleva a cabo la adquisición del conocimiento específico de “roles”, los que están directa o indirectamente arraigados a la división del trabajo (Ibid).

    Ante tales afirmaciones se puede, sin mucho esfuerzo, notar como la identidad tiene relación total con el proceso de socialización primaria y secundaria expuesta por Berger y Luckman en donde afirman que la socialización es llevada a cabo por los mundos y submundos sociales a los cuales el individuo pertenece. Como ya se esbozó anteriormente, la identidad involucra dentro de su proceso elementos como socialización, pertenencia, grupos y colectividades, es entonces que se puede sintetizar que la identidad más allá de ser un proceso individual, es un constructo social el cual es legitimado por los grupos sociales a los cuales se pertenece.

    Hasta aquí podemos decir que la identidad social se genera a través de un proceso social en el cual el individuo se define a sí mismo, a través de su inclusión en una categoría lo que implica al mismo tiempo su exclusión de otras y dependiendo de la forma en que se incluya al grupo, la identidad es adscriptiva o por conciencia. Además, como el individuo no está solo, su pertenencia al grupo va más allá de lo que piensa acerca de sí mismo, requiere del reconocimiento de los otros individuos con los que se relaciona; por ello se dice que la identidad “emerge y se reafirma en la medida en que se confronta con otras identidades, en el proceso de interacción social. (Giménez en Mercado Maldonado y Hernández Oliva: 2010, 234)

    Hasta ahorita se ha abordado solo la identidad individual construida principalmente por los procesos de socialización, pertenencias sociales y legitimación por parte de sus grupos o colectividades; pero, ¿Que hay acerca de la identidad colectiva?

    Para Catalina Arteaga la identidad colectiva es “la autopercepción de un nosotros relativamente homogéneo en contraposición con los ‘otros’, con base en atributos o rasgos distintivos, subjetivamente seleccionados y valorizados, que a la vez funcionan como símbolos que delimitan el espacio de la ‘mismidad identitaria’” (Arteaga en Mercado Maldonado y Hernández Olivas: 2010, 240).

    Para Andrés Piqueras la identidad colectiva es:

    La definición que los actores sociales hacen de sí mismos en cuanto que grupo, etnia, nación, en términos de un conjunto de rasgos que supuestamente comparten todos sus miembros y que se presentan por tanto, objetivados, debido a que uno de los procesos de formación y perpetuación de la identidad colectiva radica precisamente en que se expresa en contraposición a otro u otros, con respecto a los cuales se marcan las diferencias (Piqueras en Mercado Maldonado y Hernández Olivas: 2010, 240).

    Según Mercado Maldonado y Hernández Olivas “La construcción de la identidad colectiva está relacionada con el proceso de socialización primaria y, especialmente, con la secundaria, que se desarrolla en función del contexto social.” (2010, 236)

    Siguiendo a Giménez, plantea que solo se puede hablar de identidades colectivas por analogía con las identidades individuales, esto es, que existen semejanzas y diferencias entre sí, en sus palabras, muy diferentes en verdad ya que carecen de autoconciencia, carácter, voluntad o psicología propia, por lo que se debe evitar su “personalización” abusiva, esto significa pues, evitar “La tendencia a atribuirles rasgos que solo corresponden al sujeto individual” (Giménez: 2007, 67). Ya que “Las identidades colectivas no constituyen un dato, un componente natural del mundo social, sino un ‘acontecimiento’ contingente y a veces precario producido, a través de un complejo proceso social” (Ibid).

    Señala Giménez que respecto a sus similitudes, al igual que las identidades individuales las colectivas tienen también la capacidad de identificarse de los demás grupos, es decir delimitarse “a través de los sujetos que las representan o administran” (Bourdieu citado por Giménez: 2007, 68).

    Giménez analiza la identidad colectiva como una categoría analítica y la define a través de la teoría de la acción colectiva como un

    Conjunto de prácticas sociales que: a) involucran simultáneamente a ciertos números de individuos o –en un nivel más complejo – de grupos; b ) exhiben características morfológicas similares en la contigüidad temporal y espacial; c)implican un campo de relaciones sociales d) la capacidad de la gente involucrada para conferir un sentido a lo que está haciendo o va a hacer. (Giménez: 2007, 68).

    Lo anterior se puede traducir como que las identidades colectivas se dan en grupos sociales, que el grupo social debe ser relativamente estable, es decir, saber que mañana probablemente vaya a seguir existiendo, que exista una interacción entre ellos para que se puedan producir significados compartidos y que los actores sean capaces de entender el porqué hacen determinadas acciones

    Manuel Castells, Gilberto Giménez y Andrés Piqueras coinciden que “La identidad colectiva es, ante todo, una construcción subjetiva, resultado de las interacciones cotidianas, a través de las cuales los sujetos delimitan lo propio frente a lo ajeno”. (Mercado Maldonado y Hernández Oliva: 2010, 231). Es aquí donde Giménez infiere que si bien es cierto que las acciones colectivas suponen actores colectivos, estos no puede observarse como esencias ontológicas sino como el resultado de procesos en los que devienen las identidades colectivas.

    Hasta aquí se ha observado que las identidades colectivas son procesos análogos de las identidades individuales; que son también, procesos los cuales supone el compartimiento de simbolismos o ideologías por grupos o sectores de la población. Pero, si hablar de identidades colectivas genera debates en donde los grandes teóricos parecen no llegar a un acuerdo, se vislumbra que hablar de ‘identidades colectivas de personas en condición de discapacidad’ será mucho más confuso; sin embargo se tratará de desarrollar el tema lo más claro posible.

    Si se analizan las inferencias de Giménez en el apartado donde define las características de estas identidades colectivas y se trata de enlazar a la discapacidad, se puede observar que: la discapacidad no es un grupo social, es una categoría. Estos es, que los individuos aún que tengan características comunes, no se avizora una socialización permanente entre ellos; incluso podríamos plantear hipotéticamente que a un nivel macro social no existe interacción social entre ellos y que en caso de llegar a reunirse de manera fortuita, pudiera que los actores no tengan claro por qué lo hacen.

    Como se mencionó anteriormente uno de los elementos principales de la construcción de las identidades colectivas es la interacción social y el compartimiento de significados comunes; en el caso de los colectivos de personas en situación de discapacidad (PSD) se estima el único significado que comparten en común ( a nivel macro social) es vivir en esta condición junto con todos los estigmas sociales, opresiones, discriminaciones y demás etiquetas sociales negativas que esto significa, entonces, ¿Cómo es posible sentir una identidad hacia un colectivo que ofrece tan malos dividendos? La hipótesis a esta pregunta es qué; ellos no se identifican con este colectivo, sino qué es la sociedad quien los adscribe y les construye esa identidad.

    Tal y como lo afirma Miguel Ángel V. Ferreira

    Su existencia cotidiana está dominada por una singularidad: sus prácticas e interacciones quedan sujetas y condicionadas a ésa su discapacidad; ii) que dicha singularidad los homogeiniza, haciendo abstracción de toda la diversidad inscrita en las particulares condiciones de su existencia, induciendo una concepción de sí anclada en la oposición a los no discapacitados; se induce una identidad social «en negativo»; y iii) que dicha singularidad y dicha homogeinización identitaria, automáticamente, suponen una clasificación del colectivo en la ordenación jerárquica de la sociedad (Ferreira: 2007, 1)

    “Hay dos niveles de identidad, el que tiene que ver con la mera adscripción o membresía de grupo y el que supone conocer y compartir los contenidos socialmente aceptados por el grupo; es decir, estar conscientes de los rasgos que los hacen comunes y forman el “nosotros” “ (Mercado Maldonado y Hernández Oliva: 2010, 234).

    En esta afirmación por parte de los autores se puede identificar que la identidad colectiva de las PSD queda en el nivel de la adscripción ya que en un nivel macro social: 

1) La discapacidad no es un grupo social, es una categoría de análisis; 

2) No existe una ideología común; 

3) No se comparte ningún contenido por que no existe un grupo que acepte socialmente esos contenidos y; 

4) No existe un ‘nosotros’.

    Por su parte Chihu (2002) enuncia que la identidad es producto de un binomio pertenencia-comparación que implica dos distinciones; características comunes y diferencias.

    La primera distinción es realizada por los propios actores que forman el grupo y que se vuelven conscientes de la característica en común que poseen y los define como miembros de ese grupo; y la segunda distinción es la identidad de un grupo social desde fuera; es decir, la identidad de ese grupo es sostenida únicamente por quien la enuncia y consiste en la identificación de una característica en común que comparten los actores que forman ese grupo (Ibid: 233).

    Aquí, a las PSD se les adscribe al colectivo a razón de la segunda distinción, es decir, por que existe un grupo externo (Sociedad) que los identifica por una sola característica en común, su discapacidad; sin tomar en cuenta todas las demás características que los hacen diferentes entre ellos mismos, es decir, a ellos se les imputa una identidad colectiva creada por ‘otros’ cuando no existe un ‘nosotros’.

    Morales (1999) establece que “No es suficiente etiquetar a una persona con un rótulo. Tan es así que muchas personas que pertenecen a grupos étnicos minoritarios en la sociedad estadounidense no muestran ningún grado apreciable de identificación étnica” (Ibid: 234). Si tomamos en cuenta que las etnias son grupos o colectivos minoritarios al igual que los grupos o colectivos en situación de discapacidad y tomando en cuenta que aquí se está tratando de demostrar que no se le puede imputar una identidad a una(s) persona(s) por un rasgo común [y no que sean grupos o colectivos similares y se les pueda comparar], no se encuentra ninguna objeción para poder aplicar esta afirmación a los colectivos en situación de discapacidad.

    Siguiendo a Morales, hace una afirmación con la cual podemos complementar el párrafo anterior, y ésta es que:

    Sin embargo, el hecho de que los individuos experimenten que son diferentes a los otros no implica necesariamente que se identifican plenamente con el grupo al que pertenecen; pues, como plantean los psicólogos sociales Perrault y Bourhis, es preciso hacer la distinción entre grado y calidad de la identificación. El grado se refiere a la fuerza con que se experimenta la diferencia con otros grupos; en cambio, la calidad de la identificación equivale a la atracción que siente el individuo hacia el propio grupo (Mercado Maldonado y Hernández Olivas: 2010, 233).

    Aquí se plantea que el ser diferentes a otros individuos no da por automático que ellos se identifiquen con personas que tengan alguna característica suya, por lo tanto que la identificación con el grupo (en caso de existir) se dé por añadidura ya que el grado y calidad de pertenencia son factores (Entre otros) los cuales determinan la internalización de esa identidad. Al respecto Giménez expone que en las sociedades tradicionales caracterizadas por la homogeneidad, existe la posibilidad de que los sujetos internalicen una estructura de significados compartidos colectivamente dando un sentido a las interacciones que se presentan en la vida diaria, afirma también que en las sociedades modernos esto cambia debido a la multiplicidad de roles que desempeñan los individuos en sus numerosos grupos de pertenencia, y que es precisamente esa pluralidad de pertenencias sociales el elemento que complica la construcción de una identidad colectiva, no solo por la complejidad de las relaciones sociales entre él y los sujetos con los que interactúa, sino que los sujetos tienen frente a si una diversidad de repertorios culturales en los cuales algunos coinciden y otros se contradicen; y que los agentes por los cuales se transmiten esos repertorios culturales son múltiples, dando como resultado una complicación del proceso de internalización.

    Un elemento importante en la construcción de la identidad colectiva es el sentido de pertenencia, según Mercado Maldonado y Hernández Olivas ésta “Consiste en la inclusión de los individuos en un grupo” (Mercado Maldonado y Hernández Olivas: 2010, 234) la cual puede ser “mediante la sunción de algún rol dentro de la colectividad o mediante la apropiación e interiorización, al menos parcial del complejo simbólico-cultural que funge como emblema de la colectividad en cuestión” (Giménez en Mercado Maldonado y Hernández Olivas: 2010, 233). Y es que según estos autores cuando los individuos dentro de un conjunto se ven como similares y generan simbolismos y significados compartidos se está frente a la dimensión colectiva de la identidad.

    Pero Miguel Ángel V. Ferreira argumenta que “En un mundo en el que la discapacidad se considere como la multiforme manifestación de infinidad de afecciones particulares, la identidad social del discapacitado no puede construirse” (V. Ferreira: 2007, 7). Precisamente esta es la tesis que se apoya y que se ha querido demostrar en este ensayo ya que según el mismo autor el hablar de Colectivos de PSD es hablar de un grupo fragmentario “Cuya fragmentación es el resultado de la disección clínica que las múltiples afecciones fisiológicas y psíquicas que pueden ser la base del fenómeno social de la discapacidad opera sobre ese colectivo” (V. Ferreira: 2007, 8).

    Según este mismo autor; como colectivo, no existe la posibilidad de identificar patrones comunes de referencia, es decir, no por el hecho de padecer la misma afección motriz significa que se identifiquen con otras personas en su misma situación, ya que no es posible según V. Ferreira construir una experiencia práctica colectiva, puesto que no existe “Una sólida interacción social basada en las señas de identidad singulares que identifican al discapacitado como tal” (V. Ferreira: 2007, 5). Y es que, según Brisenden (1986) “La palabra ‘discapacitado’ es utilizada como un término general que abarca un amplio número de personas que no tienen nada en común entre sí, excepto que no funcionan exactamente del mismo modo que aquellas personas denominadas normales” (V. Ferreira: 2007, 7).

    Para V. Ferreira “Que la identidad social se construya por referencia a otro que marca la diferencia es algo extensible a casi cualquier colectividad humana: el yo colectivo se erige, a partir de esa diferencia, como referente de la propia homogeneidad inclusiva, porque posee rasgos distintivos propios que puede reclamar en apoyo de esa identidad” (V. Ferreira: 2007, 6). Pero las PSD viven y constatan prácticamente la situación de saberse personas que carecen de algo que los demás poseen, entonces para el autor su identidad social es construida sobre la base de esa carencia; la PSD se da cuenta de esa diferencia, no la construye, esa diferencia es definida por el otro, y la identidad que surge de esa diferencia no es una identidad que se constituye como un hecho propio, sino que surge de la ausencia de rasgos identitarios que contienen los demás. Existen pues, otras categorías de análisis en donde también la referencia identitaria es la diferencia respecto al otro y se constituye identitariamente por sí misma (constitución étnica, política, histórica, Lingüística), es decir, la identidad colectiva se constituye de manera autónoma, en el caso de la discapacidad no sucede eso, ya que no se construye, prácticamente sobre la ‘diferencia’ sino sobre la ‘ausencia' que se encasilla como ‘diferencia’.

    Según Colin Barnes la identidad de la PSD opera heterónomamente, y expresa “aquellos de nosotros que hemos nacido con una minusvalía sólo nos damos cuenta habitualmente de que somos ‘diferentes’ cuando entramos en contacto con otras personas ‘no-discapacitadas’ (Ibid). Entonces lo que el autor trata de evidenciar es que el término y nosotros agregamos por añadidura la identidad colectiva de la PSD es un “Complejo de restricciones sociales impuestas a las personas con insuficiencias por una sociedad muy discriminadora” (Ibid). Y se podría agregar para complementar esta afirmación, que “En cualquier caso, es la sociedad la que define esa identidad, la que, cultural y simbólicamente (además que de forma práctica) «discapacita» a los discapacitados” y cerramos el cuerpo de este ensayo con una afirmación que consideramos resume la idea central de este ensayo “Por lo tanto, reiteramos, la identidad social del discapacitado es construida e impuesta desde el entorno no discapacitado, implica heteronomía y, como consecuencia práctica, exclusión y opresión” (V. Ferreira: 2007, 10).

 

Conclusiones

 

    Se cree que hablar de una identidad colectiva en segmentos minoritarios de la población como lo son los colectivos en situación de discapacidad (U otros) no es posible; ya que como se planteó anteriormente su único rasgo común es una disfuncionalidad motriz, esto nos conduce a suponer que los estudios que desarrollan y abordan esta temática (Identidad Colectiva en general) son planteados en un plano macro social en el cual sí pudiesen existir los elementos que conlleven a generar grupos sociales interactivos y relativamente estables en los que exista un sentido de acción por parte de ellos; debido a la hegemonía de este tipo de estudios los cientistas sociales han dejado de lado características propias del individuo que no pueden ser empatadas con otras personas en la misma condición ya que; son precisamente esas características no tomadas en cuenta las que hacen un universo infinitamente diferente entre ellos. Satirizando un poco el planteamiento de la imposibilidad de hablar de las identidades colectivas a raíz de una característica morfofuncional es que se hace esta pregunta al aire ¿Cuál es la identidad colectiva de las personas que tienen el pelo color negro? De antemano sabemos la respuesta.

 

    Sin embargo, se está consciente que en un contexto micro social cabe la posibilidad (Y de manera muy factible) que sí estén presentes los elementos caracterológicos para que se pueda construir una identidad colectiva de una manera autónoma y como resultado de la compartición de significados, ideologías; fines comunes por los cuales las PSD interactúen en un mismo espacio. Por lo tanto, creemos que es necesario profundizar en el estudio de la identidad colectiva en el contexto micro social en caso de que se pretenda aplicar las teorías de identidades colectivas a categorías de análisis como la discapacidad, pobreza, raza, etc. A partir de esto es que cerramos este ensayo con una hipótesis que surgió a lo largo del desarrollo del mismo y que dice; La identidad colectiva de las personas en situación de discapacidad es construida e impuesta externamente de una forma errónea a partir de una deficiencia morfofuncional, sin embargo; puede presentarse en un contexto micro social, ya que es la única forma en que pueden surgir los elementos necesarios para que esta sea erigida desde el interior del grupo.

 

Nota

 

  • Miguel Ángel V. Ferreira es considerado como una autoridad académica en la línea de estudio de la sociología de la discapacidad, quizá sea el autor más prolífero de lengua hispana acerca de este tema en la actualidad; es por estas consideraciones que de aquí en delante todas las citas a las que hace referencia este ensayo pertenecen a él; específicamente a uno de sus artículo publicado en 2007 en “Intersticios: Revista Sociológica de Pensamiento Crítico” ISSN 1887 – 3898 donde aborda el tema de “Discapacidad e identidad social”

 

Referencias

 

  • Giménez, Gilberto (2007) Estudios sobre la cultura y las identidades sociales. CONACULTA - ITESO Ed. Guadalajara, México.

  • Mercado Maldonado, Asael y Hernández Olivas, Alejandrina V. (2010) El proceso de construcción de la identidad colectiva. En Convergencia, Revista de Ciencias Sociales, núm. 53 mayo - agosto, pp. 229-251.

  • Real Academia Española. (2013) Diccionario de la Lengua Española - Vigésima segunda edición. Versión electrónica consultada el 14/05/13. Disponible en: http://lema.rae.es/drae/?val=discapacitado

  • V. Ferreira, Miguel (2007) Prácticas sociales, identidad y estratificación: tres vértices de un hecho social, la discapacidad. En Intersticios: Revista Sociológica de Pensamiento Crítico. Vol. 1 (2). pp. 1-14.

Juan Manuel Núñez González

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Concurso para ilustrar la colección: Alex y Tomiche, los Niños Detectives

La Editorial Avant Press  y Artistas Diversos convocan un concurso para premiar la capacidad creativa  de ilustración de los  cuentos infantiles: Alex y Tomiche, los Niños Detectives.

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